Luisina Daives, psicóloga de Amadem, recuerda que reconocer el malestar emocional y pedir ayuda puede facilitar el afrontamiento del cáncer de mama. Salud mental
El miedo y la ansiedad tras un cáncer de mama también necesitan atención
Luisina Daives, psicóloga de Amadem, explica que las reacciones emocionales ante el diagnóstico son esperables y subraya la importancia de pedir ayuda
La incertidumbre, el miedo y la tristeza pueden acompañar a una persona desde el momento en que recibe un diagnóstico de cáncer de mama. La psicóloga de Amadem Luisina Daives dedica su artículo de opinión a la dimensión emocional de la enfermedad y recuerda que cuidar la salud mental es fundamental para afrontar los cambios que llegan con el diagnóstico y el tratamiento.
Recibir la noticia de que se tiene cáncer puede resultar devastador. A partir de ese momento, la persona afectada debe afrontar una situación nueva, marcada por la incertidumbre y por las exigencias físicas y emocionales del tratamiento.
En este contexto, pueden aparecer sentimientos de miedo, tristeza, ira y preocupación. Según explica Luisina Daives, psicóloga de Amadem, estas reacciones son normales y esperables, aunque en algunos casos pueden provocar ansiedad o depresión, o intensificar síntomas previos.
La especialista invita a reconocer estas emociones sin culpabilizarse por sentirlas. Afrontar una enfermedad de estas características implica adaptarse a circunstancias difíciles y cada persona puede necesitar recursos diferentes para hacerlo.
El bienestar emocional influye en los cuidados cotidianos
El malestar psicológico no se queda únicamente en el terreno de los sentimientos. También puede afectar a los hábitos diarios, desde la alimentación y el ejercicio hasta el descanso nocturno.
Daives señala que, cuando una persona atraviesa un periodo emocional complicado, puede descuidar su salud física, recurrir a opciones alimentarias más cómodas, dejar de hacer ejercicio por agotamiento o tener problemas para dormir.
Estas dificultades pueden sumarse a los efectos de la propia enfermedad y de los tratamientos. De ahí la importancia de observar cómo evoluciona el bienestar emocional y de no dejar de lado las necesidades psicológicas durante el proceso.
Sentir miedo o tristeza después de un diagnóstico de cáncer no significa, por sí solo, que exista un trastorno psicológico. La cuestión está en cómo se gestionan esas emociones y en si el malestar empieza a interferir de manera importante en la vida cotidiana. La psicóloga de Amadem considera necesario pedir ayuda cuando la persona detecta que no dispone de recursos suficientes para afrontar lo que piensa, siente y hace.
El acompañamiento profesional puede ayudar a manejar los cambios emocionales y físicos asociados a la enfermedad y a sus tratamientos. También puede ofrecer herramientas para afrontar una experiencia que, en palabras de Daives, puede resultar traumática y dolorosa.
Pedir ayuda no debe ser motivo de temor
La reflexión de la psicóloga concluye con una invitación a dejar de lado el miedo a acudir a profesionales de la salud mental. Contar con apoyo puede aliviar la carga emocional y facilitar una actitud más adaptativa ante las circunstancias.
El artículo cita, además, la estimación de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), que sitúa en 38.318 los nuevos casos de cáncer de mama previstos en España para 2026. La conclusión de Daives es que la atención a la salud mental debe formar parte de la respuesta a la enfermedad, junto con los cuidados físicos y el tratamiento médico.
Recibir la noticia de que se tiene cáncer puede resultar devastador. A partir de ese momento, la persona afectada debe afrontar una situación nueva, marcada por la incertidumbre y por las exigencias físicas y emocionales del tratamiento.
En este contexto, pueden aparecer sentimientos de miedo, tristeza, ira y preocupación. Según explica Luisina Daives, psicóloga de Amadem, estas reacciones son normales y esperables, aunque en algunos casos pueden provocar ansiedad o depresión, o intensificar síntomas previos.
La especialista invita a reconocer estas emociones sin culpabilizarse por sentirlas. Afrontar una enfermedad de estas características implica adaptarse a circunstancias difíciles y cada persona puede necesitar recursos diferentes para hacerlo.
El bienestar emocional influye en los cuidados cotidianos
El malestar psicológico no se queda únicamente en el terreno de los sentimientos. También puede afectar a los hábitos diarios, desde la alimentación y el ejercicio hasta el descanso nocturno.
Daives señala que, cuando una persona atraviesa un periodo emocional complicado, puede descuidar su salud física, recurrir a opciones alimentarias más cómodas, dejar de hacer ejercicio por agotamiento o tener problemas para dormir.
Estas dificultades pueden sumarse a los efectos de la propia enfermedad y de los tratamientos. De ahí la importancia de observar cómo evoluciona el bienestar emocional y de no dejar de lado las necesidades psicológicas durante el proceso.
Sentir miedo o tristeza después de un diagnóstico de cáncer no significa, por sí solo, que exista un trastorno psicológico. La cuestión está en cómo se gestionan esas emociones y en si el malestar empieza a interferir de manera importante en la vida cotidiana. La psicóloga de Amadem considera necesario pedir ayuda cuando la persona detecta que no dispone de recursos suficientes para afrontar lo que piensa, siente y hace.
El acompañamiento profesional puede ayudar a manejar los cambios emocionales y físicos asociados a la enfermedad y a sus tratamientos. También puede ofrecer herramientas para afrontar una experiencia que, en palabras de Daives, puede resultar traumática y dolorosa.
Pedir ayuda no debe ser motivo de temor
La reflexión de la psicóloga concluye con una invitación a dejar de lado el miedo a acudir a profesionales de la salud mental. Contar con apoyo puede aliviar la carga emocional y facilitar una actitud más adaptativa ante las circunstancias.
El artículo cita, además, la estimación de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), que sitúa en 38.318 los nuevos casos de cáncer de mama previstos en España para 2026. La conclusión de Daives es que la atención a la salud mental debe formar parte de la respuesta a la enfermedad, junto con los cuidados físicos y el tratamiento médico.









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